27 octubre 2010

Coches lujosos pero asequibles


Hace exactamente hoy dos años Ignacio Escolar, ex-director del diario Público, contaba en su blog cómo lo acusaban de tener un Jaguar, algo que a criterio del que lo hacía era incongruente con sus posiciones políticas (esto simplificando, tampoco es asunto nuestro).
La anécdota termina en que realmente el único Jaguar que él tiene es un bajo eléctrico Fender Jaguar Bass. Una guitarra, para los no entendidos.
En esta historia, que he recordado ahora porque por lo visto el bulo sigue activo, nos podemos hacer varias preguntas. La primera, ¿es un Jaguar un coche tan obscenamente caro como para ser símbolo de ostentación? La segunda, ¿siguen siendo los coches símbolos de ostentación? Y la tercera, ¿puede haber algo de malo en que alguien tenga un coche?

¿Son un Jaguar, un Mercedes o un BMW necesariamente coches “de lujo”?

Me he puesto a mirar listados de segunda mano y encuentro un montón de Jaguar X-Type, uno de mis modelos favoritos de la marca, con un precio más que razonable. Cinco años, menos de 100.000 km por unos 9.000 euros.
Supongamos que a mí, que me gustan los coches y en concreto ese (lo cual es cierto) quiero comprármelo, asumiendo que el seguro y el mantenimiento de un coche con cinco años puede ser algo elevado. Pongamos que en seis años tenga un sobreprecio de 5.000 euros más respecto a otro coche.
¿Sería una locura? ¿Equivaldría a comer únicamente con cubertería de oro o bañarme en leche? No, efectivamente, comprarse un Jaguar, o un Mercedes o un BMW no tiene por qué significar ganar en dinero ni querer aparentar.
De hecho, siguiendo el mismo ejemplo, un Volkswagen Golf diésel con algo de equipamiento extra puede tener un coste mayor que nuestro Jaguar X-Type del ejemplo. Y sin embargo nadie “acusaría” a otra persona de tener un compacto generalista.

¿Por qué algunos coches nos parecen tan “obscenos”?

Realmente la diferencia entre un coche discreto y uno que no lo es tanto viene dada bajo mi criterio por tres factores: tipo de coche, marca y precio. Por ese orden.
Pongamos un ejemplo. Imaginemos que una persona que no sabe demasiado de coches, o no le interesan, me ve en un BMW M5 (no existe el M5 de la generación actual, pero me gusta el ejemplo). Probablemente se daría cuenta de que se trata de un coche caro, pero le costaría adivinar que su precio superaba los 100.000 euros.
Si esa misma persona me ve en un Audi R8 posiblemente se pueda llevar las manos a la cabeza, aunque su precio sea igual que el M5 con algunos extras. Es la apariencia exterior de los coches llamativos las que determinan que estén peor vistos, no únicamente el precio o al marca.
Sobre la marca, pensemos si no en un BMW 535i y un Nissan GT-R, o un Hyundai Coupé frente a un Audi A3, la marca premium no siempre es la llamativa.
La conclusión es que todavía tenemos demasiados prejuicios sobre ciertas marcas o coches, y efectivamente el coche se sigue tomando como un elemento de posición económica o social. Y no hay que olvidar que son las marcas las que intentan generar esa imagen y los usuarios los que compramos el discurso, por lo que no será fácil a corto plazo asegurarnos que, tengamos el coche que tengamos, no haya nadie que “nos mire mal”.

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